sábado, 2 de septiembre de 2017

A las mentes dormidas.

De la ciudad me gusta que puedes mirar sin ser vista, la incógnita y la multitud te protege del escudriño de miradas curiosas en el peor sentido de la palabra, miradas codiciosas de que tu les proporciones lo que a sus vidas le falta: interés y aventura,
se miden continuamente, porque saben del error de su camino, necesitan hacer comparaciones desde su ignorancia y su vacío, que los  colocan a ellos siempre en lideres ya que el baremo que utilizan es sucio y lleno de prejuicios .
Y las bola se les va haciendo cada vez mas gorda, envueltos en una mentira que cuando acabe el viaje descubrirán.
Hay veces en que prometen y se prometen que son libres de cadenas y te miran como un caramelo deseado, como un tesoro encontrado y te remueven por dentro, te sacan de tus costumbres y tu camino que tu como eres valiente te abres y entregas, pero es una decisión  peligrosa y  mas que peligrosa costosa de sentimientos porque remueven tu intelecto para luego aparecer en el otro plano en el de su vida primaria y entonces te conviertes en algo peligroso casi fastidioso que a su otra vida de mentira no le conviene.
Y no tienen ningún problema en echarte de su mente y de su vida, sin amor, sin elegancia, sin respeto.

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