Amanecio en la cama de un hostal destartalado y lleno de incógnitas, de ilusión, de miedo.
Despues de una tarde que fue preámbulo de una noche que seguro quedaría en su mente para siempre, por lo inusual, solitaria y llena de cosas nuevas que daban mucho miedo.
El acababa de irse y con un frío cuidate pretendió arreglar toda esas horas incalificables, que prometían un revuelo de sabanas y de sexo, de ese que llena el corazón y el deseo.
Pero la tarde fue triste y vacía, ella lo esperaba en la habitacion exitada, esta era otra aventura que se cruzaba en su camino.
El llego cabizbajo intentando no demostrar su miedo, sus ganas de salir corriendo, apenas sin cruzar palabra se enredaron en un sexo intenso delicioso y fuerte, poco a poco fueron languideciendo, era el que se confeso inesperto, nunca había tenido una aventura, poco apoco minuto a minuto se fue convirtiendo en la peste, el no podía hacerle eso a su mujer y la frialdad de sus gestos la erigió en enemiga, sus palabras eran vanas irrespetuosas a veces , le falto elegancia, le falto respeto.
Ella se sentía de nuevo sucia incomprendida, mancillada.
Salio a toda prisa a buscar la habitación donde iba a vivir, magullada, con un leve nudo en la garganta, con el torbellino interno que supone vivir una nueva vida.
Le parecía que esos no eran ni sus zapatos ni sus ojos, como si estuviera dentro de otra que la transportaba a mundos inhóspitos, sabia que irremediablemente había llegado la hora de poner en practica sus sueños.
Encontrarla fue fácil, se sorprendía a si misma desenvuelta, lucida sola, caminando la noche malagueña esa que seria su ciudad y su templo.

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