En un pueblo seccionado y oscuro donde mentes y cuerpos arrastran su pesadumbre vivía Damián.
Caminaba ausente de la algarabía de personas que sacaban su miseria a la calle envuelta en una mascarilla, miradas traicioneras se detenían en la hermosa sonrisa que Damián regalaba al cielo.
Gente cargada con más mala leche de la aceptada caminaban, transeúntes atiborrados de sub normalidad.
El mal pareció detenerse en este pueblo por sentirse a gusto. Amanecio nublado y con un viento que barría y hacia estragos.
Volaron piernas y ojos seccionados que no sentían la gravedad que la tierra ofrece quizás el viento quería desacerce de tan herrumbrosa basura.
Volaron entre gritos y furias volaban y una bandada de seres oscuros enmascarillados desaparecieron en el cielo, entre gritos y quejas pero ya fue imposible recuperarlos desaparecieron y Damián dueño de su vida y de sus pasos se encontró rodeado de animales y plantas como acompañantes.
La paz se restauró en ese lugar que ellos mantenían sucio.
Y un sol iluminador limpio todo el aura .