De todo cuanto vivía en mi,
Con el olor a cafe y ese dulce aburrimiento que hacia de las mañanas un efectivo entrenamiento para inventar.
El ajetreo invernal sonaba a mis espaldas, y junto con el mal humor de mama que cacharreaba en la cocina irremediablemente sumergida en otro domingo sin salida, aparecía el canto de pájaros lejanos que invitaban a la alegría.
Un cálido día de enero que seducía
a la holgazaneria, resolviendo ecuaciones de sensaciones quizás motivadas por el dulce calor que tras los cristales traía sueños y cuentos.
Disfrutando de esa soledad inocente que porque se sabe breve es tan dulce.
Con la certeza de tener el amor suficiente tras las paredes, resguardada por la niñez, esa que nos mantiene al margen de responsabilidades.

De recuerdos andamos sobrados. Tú en tu calle y yo en la mía...Guardas muchos sentimientos cada vez que te leo...Esos días de invierno no me son ajenos pues, están llenos de recuerdos.
ResponderEliminarUn beso